En las últimas semanas, el virus causante del síndrome pulmonar por hantavirus ha ganado protagonismo en los portales de noticias de Argentina. Las alertas más recientes no sólo advierten sobre un aumento en la frecuencia de los casos, sino también sobre un aumento de la tasa de letalidad.
¿Qué es el hantavirus?
Los hantavirus son una familia de virus que infectan a los humanos a través de dos patologías graves: la Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal (predominante en Asia y Europa) y el Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus (hantavirosis), propio de nuestra región en América.
Un dato para nuestros lectores más avanzados en genética: a diferencia de otros patógenos, los hantavirus son virus ARN. Esto significa que su material genético es ácido ribonucleico, lo que influye en su forma de replicarse y evolucionar.
Desde PachaData, nuestro objetivo no es profundizar en los síntomas médicos —para ello existen especialistas en salud—, sino aportar una mirada integral sobre la enfermedad. Es fundamental comprender que la hantavirosis es una zoonosis: una enfermedad infecciosa que se transmite de forma natural desde animales vertebrados al ser humano. La enfermedad presenta cuadros leves a muy graves poniendo en riesgo la vida de las personas.
Radiografía de la situación actual
En 2025, según el Boletín Epidemiológico Nacional, se notificaron 86 casos confirmados en Argentina de hantavirus, de los cuales 28 fallecieron, lo que representa una letalidad del 33,6%.
Actualmente, el número de casos para el periodo de julio a diciembre de 2025 se sitúa en el umbral de alerta respecto a los promedios históricos del país. Sin embargo, en la región del NOA (específicamente en Salta y Jujuy), aunque se han registrado contagios, las cifras se mantienen dentro del umbral de seguridad en comparación con años anteriores.

Mapa de las zonas de mayor riesgo. Imagen tomada del Boletín Epidemiológico Nacional
Factores que impulsan el brote: Si bien el virus circula todo el año, existe una marcada estacionalidad entre octubre y mayo. La combinación de la crisis climática, la destrucción de hábitats naturales y el creciente avance de la población humana en ambientes silvestres favorece una interacción más frecuente con los reservorios del virus.
El rol de los reservorios naturales del virus
Es común confundir términos, pero en ecología la precisión es clave. En el caso del hantavirus, no hablamos de «vectores», sino de reservorios.Un reservorio es el hospedador donde reside y se mantiene el patógeno a largo plazo. Para el síndrome pulmonar, los protagonistas son los roedores silvestres, principalmente los ratones colilargos (Oligoryzomys). En Salta y Jujuy, se han identificado otras especies como reservorios o portadores de anticuerpos, como Calomys fecundus, Akodon simulator y Euryoryzomys legatus.Por su parte los vectores (como el mosquito en el Dengue) no se enferman necesariamente, sino que sólo transportan y trasmiten el agente infeccioso (virus, bacteria o parásito).
Mejor prevenir que curar
Ya lo decía el refrán popular: “mejor prevenir que curar”. La transmisión al ser humano ocurre principalmente por la inhalación de partículas virales presentes en las heces, orina o saliva de roedores infectados. También puede ocurrir por contacto directo con secreciones o mordeduras.
Si bien los contagios ocurren durante todo el año, se observa que el 90% de los casos se concentran entre los meses de septiembre y abril, y más aún los meses de mayor calor.
Para la prevención, es vital tener presente los factores de riesgo:
a) Actividades en hábitats silvestres: precaución extrema en tareas recreativas o laborales en el bosque.b) Invasión domiciliaria: Evitar que roedores silvestres ingresen a viviendas, especialmente en zonas rurales y periurbanas.c) Estacionalidad: Reforzar los cuidados durante los meses críticos.
Dónde hay un riesgo, también hay un aliado. Las aves rapaces son controladores biológicos excepcionales de las poblaciones de roedores. Por lo que es fundamental protegerlas y no atacarlas.




